«Bio-ética» = «ética de la vida»

La confirmación precisa y firme del valor de la vida humana y de su carácter inviolable, irreductible, que por su valor intrínseco, reclama ser tratada con amor de benevolencia.
La responsabilidad de la promoción y defensa del derecho a la vida, un compromiso existencial y práctico a favor de todas las personas, en especial, de los más débiles
Argumentar auténticamente la existencia y la condición espiritual del alma humana en diálogo real con las ciencias biomédicas contemporáneas.
Es una ciencia moral, no técnica, que ofrece criterios éticos a las ciencias experimentales sobre la vida.

lunes, 13 de abril de 2009

Huelga de Hambre

Huelga de hambre

El Diccionario de la Real Academia la define:
«Abstinencia total de alimentación que se impone a sí misma una persona, mostrando de este modo su decisión de morirse si no consigue lo que pretende». Es un recurso que se ha generalizado como remedio para reivindicar unos derechos que no pueden alcanzarse por otro medio. La historia de casos en época reciente ha sido muy llama­tiva. La cuestión ética se concreta en estas dos preguntas:

a) ¿Es lícito hacer una huelga de hambre, con peligro de muerte, para reivindicar algunos valores?
b) En caso de peligro de muerte, ¿las autoridades han de respetar esa decisión o deben proporcionarle algún ali­mento contra su voluntad?

La primera pregunta elimina aquellos casos en que se inicia una huelga de hambre por motivos de notoriedad, sin que medien razones verdaderamente dignas. Asimismo se excluyen los casos en que se inicia la huelga, pero con la condición de no afrontar la muerte, sino de suspenderla cuando se presente ese riesgo. Este caso se podría denominar «ayuno voluntario» más o menos largo.
El problema ético lo presenta el hecho de la muerte, pues ¿existe una causa tan noble por la cual se puede ofrendar la propia vida? La respuesta no es fácil, pues si la vida es el bien supremo, ¿hay algún valor que merezca la pena sacrificar la vida por él?
La cuestión divide a los moralistas. Algunos sostienen que se trata de un «suicidio directo». No obstante, en cier­tas situaciones, el juicio puede ser afirmativo: piénsese, por ejemplo, en el caso de un totalitarismo ideológico, en el que se sacrifican libertades, derechos y vidas humanas, y que una o más personas, máxime si gozan de prestigio, optan por este medio para conseguir la defensa de la sociedad. ¿Esa causa merece la ofrenda de una vida? La huelga de hambre de Gandhi en favor de la India, por ejemplo, consiguió sus objetivos sin derramamiento de sangre. En todo caso, para juzgar de la licitud deberán darse las siguientes condiciones:
Primera: Es imprescindible que la causa sea justa, de amplio alcance social, cuya defensa obtenga un consenso general y no obedezca a fanatismos ideológicos o polí­ticos.
Segunda: Es necesario que se agoten los demás medios: el diálogo, la denuncia popular, el recurso a la opi­nión pública, etc.
Tercera; Que el óbito no se siga de modo inmediato: el objetor no decide su muerte en ese momento, sino que las autoridades tienen tiempo para medir la justicia de lo demandado.
Cuarta: Finalmente, la huelga de hambre debe ser en verdad asumida con especial seriedad. Por eso, «llamar la atención», «publicidad», «éxito político», etc. v otros móviles que con frecuencia se persiguen. quitan toda vali­dez al serio intento de ofrecer la vida por algo de evidente influencia social que supere la propia vida.
Estas condiciones descalifican las «huelgas de ham­bre» de los terroristas, que de ordinario son un chantaje propagandístico del terror.
La segunda pregunta tampoco encuentra respuesta unánime entre los autores. Quienes mantienen el juicio moral negativo a la huelga de hambre, apelan a que el Estado debe salir en defensa de sus súbditos. Parece que en este caso, la decisión debería someterse a la legislación civil pertinente.
Ahora bien, si un Gobierno permite que un huelguista llegue a esta situación límite, es señal de que no hay espe­ranza de conseguir el objetivo que se persigue. Por ello, a pesar de la notoriedad que adquiriría el hecho de la muer­te, parece que quien se encuentre en tal situación, no debería oponerse en el caso de que el médico se decidiese a administrarle el alimento oportuno.

(extracto del texto del Pbro Luis Rifo F.)

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