«Bio-ética» = «ética de la vida»

La confirmación precisa y firme del valor de la vida humana y de su carácter inviolable, irreductible, que por su valor intrínseco, reclama ser tratada con amor de benevolencia.
La responsabilidad de la promoción y defensa del derecho a la vida, un compromiso existencial y práctico a favor de todas las personas, en especial, de los más débiles
Argumentar auténticamente la existencia y la condición espiritual del alma humana en diálogo real con las ciencias biomédicas contemporáneas.
Es una ciencia moral, no técnica, que ofrece criterios éticos a las ciencias experimentales sobre la vida.

lunes, 13 de abril de 2009

Experiencias Medicas

Las experiencias médicas
Las experiencias en medicina se rigen por códigos deontológicos. La mayor parte de ellos son de carácter mundial, y, en la medida en que respeten la dignidad del hombre, su normativa es ética. Los Códigos Deontológicos más recientes que contemplan las experiencias médicas, son los siguientes:
Código de Nuremberg, 1946.
- Declaración de Ginebra, 1948.
- Código de Londres, 1949.
- Código de Inglaterra, 1963.
- Declaración de Helsinki, 1964.
- Declaración de Sidney, 1968.
- Declaración Médica Mundial de Tokio, 1975.
- Declaración Médica Mundial de Venecia, 1983.
La eticidad de la experiencias biológicas y médicas se adaptan a estos tres principios:
- La finalidad de la medicina es obtener la salud del enfermo.
- Nunca es lícito usar al hombre como «medio». El hombre es el fin de toda experimentación médica.
- El uso de una nueva experiencia debe estar siempre garantizado por una esperanza fundada de éxito.
Pío XII fijó algunos criterios que deben regular las experiencias médicas. Éstas pueden justificarse por un tri­ple motivo: por interés de la ciencia, por el bien del paciente y por interés de la sociedad.
De estas experiencias se han seguido no pocos avances para la medicina, lo que revierte en beneficio del enfermo. La ética cristiana es un estímulo más, pues insta de conti­nuo a que no se pierda de vista la gran dignidad del hom­bre, tal como recuerda Juan Pablo II:
«Las expectativas, muy vivas hoy, de una humanización de la medicina requieren una respuesta decidida. Sin embargo... es fundamental poderse referir a una visión trascendental del hombre que ilumine en el enfermo -ima­gen e hijo de Dios- el valor y el carácter sagrado de la vida. La enfermedad y el dolor afectan a todos los seres huma­nos; el amor hacia los que sufren es signo y medida del grado de civilización y de progreso de un pueblo» (Mensaje, 1 l-1I-l993).
(extracto texto del Pbro. Luis Rifo F.)

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