1. La inseminación asistida
Es un dato que, si bien el cauce normal de engendrar una nueva vida es la relación amorosa del hombre y de la mujer en el ámbito del matrimonio, en ocasiones este objetivo no se alcanza de modo natural y la ciencia médica está en condiciones de ofrecer los medios técnicos para lograrlo. Esta ayuda médica, en términos generales, se denomina «fecundación artificial».
Se entiende como «inseminación asistida» el auxilio que ofrece el médico para que el acto conyugal llegue a alcanzar la fecundación que le es natural, pero que, debi¬do a algún impedimento no se logra el encuentro entre el óvulo de la mujer y el espermatozoide del varón. Pues bien, el auxilio del médico facilita ese objetivo.
Este caso se presenta cuando, bien por defecto físico de la mujer o del marido, o en el caso de espermatozoides débiles con poca movilidad lineal que no son capaces de encontrarse con el óvulo para fecundarlo, etc. el médico pueda facilitar por medios físicos el que se produzca el encuentro entre el espermatozoide y el óvulo.
Nadie duda de la licitud de las diversas técnicas que los médicos emplean en esta labor de asistencia. En tal supues¬to, se trata de una fecundación llevada a término mediante la unión sexual, completada por la acción de la técnica médica. Este caso, propiamente, no cabe denominarlo «inseminación artificial», sino más bien, como aquí lo hace¬mos, «fecundación asistida», por lo que goza de un juicio ético positivo. Esta doctrina fue ya enseñada por Pío XII: «La (conciencia moral) no prohibe necesariamente el uso de algunos medios artificiales destinados exclusiva¬mente sea a facilitar el acto natural, sea a procurar que el acto natural realizado de modo normal alcance el propio fin» (Discurso, 29-IX-1949).
La misma enseñanza consta en la respuesta Instrucción Donum vitae, donde se contraponen esta «inseminación asistida» y la «inseminación artificial», propiamente dicha: «Si el medio técnico facilita el acto conyugal o le ayuda a alcanzar sus objetivos naturales puede ser moralmente aceptado» (DV, II, 6).
2. La inseminación artificial
Pero en ocasiones, la fecundación del óvulo no es posi¬ble realizarla mediante la unión marital -«fecundación asistida»-, sin embargo la ciencia médica está en disposi¬ción de producirla por métodos artificiales: tal es la «inse¬minación artificial».
Cabe distinguir dos clases de inseminación artificial: la homóloga, que se lleva a cabo con semen del propio esposo (en medicina: IAC), y la heterónoma, que usa semen de varón distinto al esposo (en medicina IAD). Ambas pueden realizarse directamente en el cuerpo de la mujer o en el laboratorio. La primera se denomina «in vivo» y la segun¬da «in vitro».
a) Licitud de la inseminación homóloga «in vivo»
Se trata de la inseminación con el semen del propio esposo, llevada a cabo dentro del cuerpo de la mujer. Un primer problema que se plantea es la obtención del semen: se juzga ilícita la masturbación:
«La masturbación, mediante la que normalmente se procura el esperma, constituye otro signo de esa disocia¬ción: aun cuando se realiza en vista de la procreación, ese gesto sigue estando privado de su significado unitivo» (DV, II, 6).
Pero, aunque se consiga por otro medio, la enseñanza del Magisterio rechaza este medio de fecundación. La razón se formula a modo de axioma: «Cuando la interven¬ción técnica sustituye al acto conyugal, es moralmente ilí¬cita» (DV, II, 6).
Este «axioma» se justifica por el principio acerca de la unidad que existe entre el aspecto unitivo y procreador. Este principio ético ha sido formula¬do en el Concilio Vaticano II, se repite en la Encíclica Humanae vitae y es mencionado reiteradamente por el magisterio papal. La Congregación lo enuncia así:
«La inseminación artificial sustitutiva del acto conyu¬gal se rechaza en razón de la disociación voluntariamente causada entre los dos significados del acto conyugal... le falta la relación sexual requerida por el orden moral, que realiza, el sentido íntegro de la mutua donación y de la pro¬creación humana, en un contexto de amor verdadero» (DV, II, 6).
b) Valoración moral de la inseminación homóloga «in vitro»
Se trata de la inseminación artificial alcanzada con semen del propio esposo, pero fuera del cuerpo de la mujer, que, por llevarse a cabo en el laboratorio, se deno¬mina «in vitro». Es la que de ordinario se nombra con la abreviatura FIV o FIVET. Se puede realizar directamente o con semen previamente congelado. El óvulo una vez fecundado se introduce en el cuerpo de la mujer.
El juicio ético es igualmente negativo y por el mismo principio que la «homóloga in vivo», si bien en este supuesto la misma técnica vuelve más opaco el principio, pues la técnica parece privar sobre la dignidad debida al nuevo ser: parece más «fabricado» que «engendrado». Además esta técnica posibilita otros extremos, como la manipulación de embriones, etc. Ésta es la argumentación de la Congregación:
«La FIVET homóloga se realiza fuera del cuerpo de los cónyuges por medio de gestos de terceras personas, cuya competencia y actividad técnica determina el éxito de la intervención; confía la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biólogos, e instaura un domi¬nio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la per¬sona humana. Una tal relación de dominio es en sí contra¬ria a la dignidad y a la igualdad que debe ser común a padres e hijos... Por estas razones, el así llamado «caso simple», esto es, un procedimiento de FIVET homóloga libre de toda relación con la praxis abortiva de la destruc¬ción de los embriones y con la masturbación, sigue siendo una técnica moralmente ilícita, porque priva a la procrea¬ción humana de la dignidad que le es propia y connatural»(DV, II, 5).
Este mismo juicio moral se recoge en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2377).
La Encíclica Evangelium vitae resume así las razones que justifican el juicio moral condenatorio de la reproduc¬ción artificial:
«Las distintas técnicas de reproducción artificial, que parecerían puestas al servicio de la vida y que son practica¬das no pocas veces con esta intención, en realidad dan pie a nuevos atentados contra la vida. Más allá del hecho de que son moralmente inaceptables desde el momento en que separan la procreación del contexto integralmente humano del acto conyugal, estas técnicas registran altos porcentajes del fracaso. Este afecta no tanto a la fecundación como al desarrollo posterior del embrión, expuesto al riesgo de muerte por lo general en brevisimo tiempo. Además, se producen con frecuencia embriones en número superior al necesario para su implantación en el seno de la mujer; y estos así llamados 'embriones supernumerarios' son poste¬riormente suprimidos o utilizados para investigaciones que, bajo el pretexto del progreso científico o médico, redu¬cen en realidad la vida humana a simple 'material biológi¬co' del que se puede disponer libremente» (EV, 14).
c) Moralidad de la inseminación heteróloga
La inseminación artificial con semen de otro varón, bien se lleve a cabo «in vivo» o «in vitro», es inmoral. Admite también otras modalidades: puede ser el semen del marido pero el óvulo de otra mujer. También cabe que la mujer no sea la esposa, sino una mujer soltera o viuda, etc.
En estos casos, además de romper con el lazo generati¬vo esposo-esposa, se violenta el sentido mismo de la pater¬nidad, dado que el hijo tiene derecho a saber quiénes son en verdad sus padres biológicos:
«Estas razones determinan un juicio moral negativo de la fecundación artificial heteróloga. Por tanto, es moral¬mente ilícita la fecundación de una mujer casada con el esperma de un donador distinto de su marido, así como la fecundación con el esperma del marido de un óvulo no pro¬cedente de su esposa. Es moralmente injustificable, ade¬más, la fecundación artificial de una mujer no casada, sol¬tera o viuda, sea quien sea el donador» (DV, II, 2).
d) Derecho de los padres a la procreación
La doctrina magisterial es coherente, pero no es fácil¬mente aceptada por quienes argumentan más o menos así: en caso de esterilidad del marido o de la mujer, y ante el hecho de un hijo deseado, dado que la ciencia suple el defecto de la naturaleza, ¿qué es realmente lo que prohibe el uso de estos avances técnicos? ¿Por qué la Iglesia no atiende el derecho de los padres a tener hijos, cuando los medios científicos no lesionan derechos de un tercero? Esta argumentación nace de sentimientos nobles, pero tiene al menos dos sofismas:
Primero, en el nacimiento de un nuevo ser, lo más importante no es el deseo de los padres, sino el ser mismo del niño. Y no se puede engendrar un hijo lesionando sus derechos. Por ejemplo, el niño tiene derecho a saber quié¬nes son sus padres legítimos. Esta argumentación vale especialmente para la «heteróloga», pero también es apli¬cable a la «homóloga», porque aún está sin probar que la artificialidad de la procreación no connote efecto secun¬dario alguno.
Segundo, porque los padres no tienen derecho a tener hijos. En ninguna Constitución de Derechos Humanos se proclama este derecho. Los padres sólo «tienen derecho a realizar los actos naturales que de suyo se ordenan a la procreación» (DV, 8). Pero un hijo es una persona que tiene validez en si misma y no cabe considerarlo en depen¬dencia del querer de nadie, ni siquiera de sus padres. Los padres deben tener un hijo, por el hijo mismo y no por su bien. El hijo no es «un bien útil» para los padres, sino un bien en sí mismo. O como enseña el Catecismo: «el hijo no es un derecho, sino un don. Por eso «no puede ser conside¬rado como un objeto de propiedad» (CEC, 2378).
Además, la esterilidad de los matrimonios puede ser un servicio generoso y desinteresado para dedicarse a los demás o fomentar la adopción de tantos hijos desposeídos de padres.
(extraido del texto del Pbro. Luis Rifo F)
jueves, 9 de abril de 2009
martes, 7 de abril de 2009
LA ESTERILIZACION
1. LA ESTERILIZACIÓN ANTIPROCREADORA
A la grandeza de la facultad procreadora de la que están dotados el hombre y mujer se opone la acción voluntaria por anularla. Este acto éticamente condenable se denomina «esterilización».
1. Fijación terminológica
No existe una terminología unívoca entre los autores, por ello se fijan aquí el sentido de algunos términos.
a) Definición
Se entiende por «esterilización» el acto de intervenir en algunos de los órganos indispensables para la reproducción, por lo que se priva al hombre o a la mujer de la facultad procreadora.
La «esterilización» se distingue de la «contraconcepción», del «aborto» y del «infanticidio», en cuanto que extirpa la facultad misma de engendrar, mientras en los demás casos o se impide la concepción (contraconcepción), o se elimina la vida antes de nacer (aborto) o se mata una vez nacida (infanticidio).
También se distingue de la castración y de la ovariectomía, que eliminan la capacidad sexual en su integridad y conllevan la pérdida de importantes hormonas sexuales con repercusión en la personalidad de tales individuos.
b) División:
Se distinguen las siguientes clases de esterilización:
a. Orgánica y funcional, según se elimine un órgano reproductor o simplemente se le impida cumplir su finalidad natural de engendrar.
b. Directa e indirecta. Se distinguen por la intención con que se produce, conforme sea provocada intencionalmente para eliminar la facultad procreadora, o ésta se siga de una operación necesaria que conlleva la pérdida de dicha facultad.
c. Permanente y transitoria, según afecte a los propios órganos genitales de forma que pierdan su capacidad pro-creadora o que sólo se obstaculice temporalmente.
d. Voluntaria y forzada conforme lo decida libremente el interesado o se le imponga sin su consentimiento. Esta última puede adquirir formas distintas: coactiva o forzada en virtud de una ley injusta que la imponga; demográfica o para limitar el aumento de población; eugenésica o con el fin de evitar una procreación deficiente y vindicativa, o sea, por venganza.
2. Razones que motivan la esterilización
Los motivos son múltiples y existió en todas las épocas. Especialmente fueron frecuentes las «esterilizaciones forzadas», según el motivo que las motivaba: para cumplir una ley que la impone como pena contra ciertos delitos sexuales; por motivos demográficos; para evitar ciertas taras de herencia o como venganza contra el injusto agresor.
La «esterilización voluntaria» adquiere grandes proporciones en nuestro tiempo. Las causas de este aumento son dos: la facilidad de llevarse a cabo médicamente, pues se trata de una operación de microcirugía, en régimen ambulatorio. Y por la extendida oposición a la concepción. Se denomina esterilización preventiva.
3. Esterilización femenina y masculina
Hasta época reciente la más frecuente era la femenina. Consiste en la «ligadura de trompas» de Falopio. La razón de que fuese la mujer y no el varón es el aprecio de inferioridad de la sexualidad femenina y porque accedía a ello más fácilmente que el hombre. Así era ella la que evitaba el embarazo.
En la actualidad se incrementa los casos del varón. Los métodos más comunes son la «vasectomía» o simple sección del conducto deferente o la «vasectomía» o extirpación de dicho conducto. La razón de este cambio es la reivindicación femenina y la facilidad de llevarla a cabo, con anestesia local y régimen de ambulatorio. Según datos de algunas encuestas, la esterilización femenina alcanza cifras alarmantes y la de los varones sube sensiblemente.
4. Moralidad de la esterilización. Enseñanza del Magisterio
El juicio moral distingue diversos casos:
a) Esterilización «directa»
O sea, la que de ordinario se lleva a cabo como medio preventivo contra la procreación es ilícita. Los documentos del Magisterio la juzgan como una acción «intrínseca-mente mala», según una Declaración del Santo Oficio (24-11-1940, Dz 3760). Esta enseñanza fue mencionada varias veces por el Papa Pío XII.
Posteriormente ha sido condenada de nuevo por un Decreto de la Congregación para la Doctrina de la fe (13-111-1975), que pretende ser un Documento que reasume la enseñanza del Magisterio anterior. La condena en estos términos: «Queda absolutamente prohibida, según la doctrina de la Iglesia, independientemente de la recta intención subjetiva de los agentes para proveer la salud o para prevenir un mal físico o psíquico que se prevé o se derivará del embarazo».
Después de las primeras condenas, algunos moralistas habían invocado el «principio de totalidad» para justificarla. Es decir; consideran el organismo como un todo, por lo que el enfermo tiene el deber de sacrificar una parte en función de todo el cuerpo. Por eso el Documento afirma que ese principio no tiene aplicación a este caso, pues «la esterilidad buscada por sí misma no se dirige al bien integral de la persona... desde el momento en que deliberadamente se priva de un elemento esencial».
b) Esterilización «indirecta»
La esterilización no buscada voluntariamente, sino que se sigue después de una intervención, es lícita si se dan estas tres condiciones:
- que un órgano produzca un daño serio o una amenaza al conjunto del organismo;
- que dicho daño no se pueda evitar o al menos disminuir notablemente, más que mediante la extirpación de dicho órgano;
- que quepa esperar que el mal negativo -la mutilación- compense con el bien positivo que espera alcanzarse, bien sea «la supresión del peligro para el organismo entero o la mitigación de los dolores, etc». A este caso, Pío XII aplica el «principio de totalidad».
En efecto, pues ese miembro se extirpa en bien de todo el organismo. Por ello se trata de una esterilización «indirecta» y, aunque anule la facultad generadora, es lícito realizarla. Pío XII tiene en cuenta los datos médicos y afirma: «Esta extirpación no ocasiona objeción alguna bajo el punto de vista moral» (Discurso, 8-X-1953).
c) Esterilización activa «coactiva» o «eugenésica»
Bajo este epígrafe se incluyen las esterilizaciones eugenésicas por motivos de herencia, o la impuesta a los disminuidos psíquicos para evitar el embarazo y la demográfica para evitar el crecimiento de la población. Es cierto que sociológicamente estos casos son distintos, pero, desde el punto de vista moral, se trata de provocar una esterilización directa y coactiva, en cuanto es forzada por algunas circunstancias.
La valoración moral es negativa en todos los casos. En cuanto a los deficientes mentales, en España, el Congreso de los Diputados votó una ley favorable en junio de 1989. Pero la «legalidad» no exime de la valoración ética negativa. El Catecismo de la Iglesia Católica con clara alusión a estos casos, enseña: «las esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral» (CEC, 2287).
En relación a las esterilizaciones demográficas, Juan Pablo II, en diversas ocasiones condena esta práctica impuesta por las naciones ricas para evitar el aumento de población en otras regiones. Así se expresa la Exhort. Apost. Familiaris consortio:
«Hay que condenar totalmente y rechazar con energía cualquier violencia ejercida por tales autoridades en favor del anticoncepcionismo e incluso de la esterilización y del aborto procurado. Al mismo tiempo hay que rechazar como gravemente injusto el hecho de que, en las relaciones internacionales, la ayuda económica concedida para la promoción de los pueblos esté condicionada a programas de anticoncepcionismo, esterilización y aborto procurado» (FC, 30).
d) Esterilización punitiva-legal
El juicio moral es totalmente negativo. No puede ser justa una ley que castiga al que comete un delito, aunque sea en materia sexual grave, pues la autoridad civil no puede disponer del cuerpo de un ciudadano. Las sociedades modernas tienen medios para salvaguardar la convivencia social libre de algunas conductas inmorales, aunque sean practicadas por personas enfermas. En todo caso, esa pena resulta injusta para la dignidad del hombre. Pío X negó que los poderes públicos tuviesen capacidad jurídica para promulgar estas leyes (CC, 24).
e) Esterilización vindicativa
Es absolutamente reprobable. Es una venganza que nunca tiene justificación. De hecho equivale a una castración violenta.
En resumen, todas las esterilizaciones -excluida la «indirecta»- son inmorales. Pablo VI formuló esta doctrina general condenatoria:
«Hay que excluir, como el Magisterio de la Iglesia ha declarado muchas veces, la esterilidad directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer» (HV, 14).
5. Opiniones de algunos teólogos no concordantes con el Magisterio
A pesar de las reiteradas condenas del Magisterio, algunos moralistas proponen la esterilización para aquellos casos en los que, con deseo de vivir la «paternidad responsable», resulte ser el medio más eficaz y seguro para evitar un nuevo embarazo. Pero el Magisterio ha contemplado expresamente esta opinión y la declara inmoral, por lo que, afirma, que esa opinión de algunos moralistas no puede ser seguida por los fieles:
«La Congregación, al confirmar esta doctrina tradicional de la Iglesia, no ignora el hecho del dissenso existente por parte de varios teólogos. Sin embargo, niega que se pueda atribuir un significado doctrinal a este hecho, como para que los fieles puedan invocar, para abandonar el magisterio auténtico y adherirse a sentencias privadas de los teólogos que no están de acuerdo con él» (Declaración sobre la esterilización en los hospitales católicos, 12-XII-1976).
(extracto del texto del Pbro Luis Rifo F.)
A la grandeza de la facultad procreadora de la que están dotados el hombre y mujer se opone la acción voluntaria por anularla. Este acto éticamente condenable se denomina «esterilización».
1. Fijación terminológica
No existe una terminología unívoca entre los autores, por ello se fijan aquí el sentido de algunos términos.
a) Definición
Se entiende por «esterilización» el acto de intervenir en algunos de los órganos indispensables para la reproducción, por lo que se priva al hombre o a la mujer de la facultad procreadora.
La «esterilización» se distingue de la «contraconcepción», del «aborto» y del «infanticidio», en cuanto que extirpa la facultad misma de engendrar, mientras en los demás casos o se impide la concepción (contraconcepción), o se elimina la vida antes de nacer (aborto) o se mata una vez nacida (infanticidio).
También se distingue de la castración y de la ovariectomía, que eliminan la capacidad sexual en su integridad y conllevan la pérdida de importantes hormonas sexuales con repercusión en la personalidad de tales individuos.
b) División:
Se distinguen las siguientes clases de esterilización:
a. Orgánica y funcional, según se elimine un órgano reproductor o simplemente se le impida cumplir su finalidad natural de engendrar.
b. Directa e indirecta. Se distinguen por la intención con que se produce, conforme sea provocada intencionalmente para eliminar la facultad procreadora, o ésta se siga de una operación necesaria que conlleva la pérdida de dicha facultad.
c. Permanente y transitoria, según afecte a los propios órganos genitales de forma que pierdan su capacidad pro-creadora o que sólo se obstaculice temporalmente.
d. Voluntaria y forzada conforme lo decida libremente el interesado o se le imponga sin su consentimiento. Esta última puede adquirir formas distintas: coactiva o forzada en virtud de una ley injusta que la imponga; demográfica o para limitar el aumento de población; eugenésica o con el fin de evitar una procreación deficiente y vindicativa, o sea, por venganza.
2. Razones que motivan la esterilización
Los motivos son múltiples y existió en todas las épocas. Especialmente fueron frecuentes las «esterilizaciones forzadas», según el motivo que las motivaba: para cumplir una ley que la impone como pena contra ciertos delitos sexuales; por motivos demográficos; para evitar ciertas taras de herencia o como venganza contra el injusto agresor.
La «esterilización voluntaria» adquiere grandes proporciones en nuestro tiempo. Las causas de este aumento son dos: la facilidad de llevarse a cabo médicamente, pues se trata de una operación de microcirugía, en régimen ambulatorio. Y por la extendida oposición a la concepción. Se denomina esterilización preventiva.
3. Esterilización femenina y masculina
Hasta época reciente la más frecuente era la femenina. Consiste en la «ligadura de trompas» de Falopio. La razón de que fuese la mujer y no el varón es el aprecio de inferioridad de la sexualidad femenina y porque accedía a ello más fácilmente que el hombre. Así era ella la que evitaba el embarazo.
En la actualidad se incrementa los casos del varón. Los métodos más comunes son la «vasectomía» o simple sección del conducto deferente o la «vasectomía» o extirpación de dicho conducto. La razón de este cambio es la reivindicación femenina y la facilidad de llevarla a cabo, con anestesia local y régimen de ambulatorio. Según datos de algunas encuestas, la esterilización femenina alcanza cifras alarmantes y la de los varones sube sensiblemente.
4. Moralidad de la esterilización. Enseñanza del Magisterio
El juicio moral distingue diversos casos:
a) Esterilización «directa»
O sea, la que de ordinario se lleva a cabo como medio preventivo contra la procreación es ilícita. Los documentos del Magisterio la juzgan como una acción «intrínseca-mente mala», según una Declaración del Santo Oficio (24-11-1940, Dz 3760). Esta enseñanza fue mencionada varias veces por el Papa Pío XII.
Posteriormente ha sido condenada de nuevo por un Decreto de la Congregación para la Doctrina de la fe (13-111-1975), que pretende ser un Documento que reasume la enseñanza del Magisterio anterior. La condena en estos términos: «Queda absolutamente prohibida, según la doctrina de la Iglesia, independientemente de la recta intención subjetiva de los agentes para proveer la salud o para prevenir un mal físico o psíquico que se prevé o se derivará del embarazo».
Después de las primeras condenas, algunos moralistas habían invocado el «principio de totalidad» para justificarla. Es decir; consideran el organismo como un todo, por lo que el enfermo tiene el deber de sacrificar una parte en función de todo el cuerpo. Por eso el Documento afirma que ese principio no tiene aplicación a este caso, pues «la esterilidad buscada por sí misma no se dirige al bien integral de la persona... desde el momento en que deliberadamente se priva de un elemento esencial».
b) Esterilización «indirecta»
La esterilización no buscada voluntariamente, sino que se sigue después de una intervención, es lícita si se dan estas tres condiciones:
- que un órgano produzca un daño serio o una amenaza al conjunto del organismo;
- que dicho daño no se pueda evitar o al menos disminuir notablemente, más que mediante la extirpación de dicho órgano;
- que quepa esperar que el mal negativo -la mutilación- compense con el bien positivo que espera alcanzarse, bien sea «la supresión del peligro para el organismo entero o la mitigación de los dolores, etc». A este caso, Pío XII aplica el «principio de totalidad».
En efecto, pues ese miembro se extirpa en bien de todo el organismo. Por ello se trata de una esterilización «indirecta» y, aunque anule la facultad generadora, es lícito realizarla. Pío XII tiene en cuenta los datos médicos y afirma: «Esta extirpación no ocasiona objeción alguna bajo el punto de vista moral» (Discurso, 8-X-1953).
c) Esterilización activa «coactiva» o «eugenésica»
Bajo este epígrafe se incluyen las esterilizaciones eugenésicas por motivos de herencia, o la impuesta a los disminuidos psíquicos para evitar el embarazo y la demográfica para evitar el crecimiento de la población. Es cierto que sociológicamente estos casos son distintos, pero, desde el punto de vista moral, se trata de provocar una esterilización directa y coactiva, en cuanto es forzada por algunas circunstancias.
La valoración moral es negativa en todos los casos. En cuanto a los deficientes mentales, en España, el Congreso de los Diputados votó una ley favorable en junio de 1989. Pero la «legalidad» no exime de la valoración ética negativa. El Catecismo de la Iglesia Católica con clara alusión a estos casos, enseña: «las esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral» (CEC, 2287).
En relación a las esterilizaciones demográficas, Juan Pablo II, en diversas ocasiones condena esta práctica impuesta por las naciones ricas para evitar el aumento de población en otras regiones. Así se expresa la Exhort. Apost. Familiaris consortio:
«Hay que condenar totalmente y rechazar con energía cualquier violencia ejercida por tales autoridades en favor del anticoncepcionismo e incluso de la esterilización y del aborto procurado. Al mismo tiempo hay que rechazar como gravemente injusto el hecho de que, en las relaciones internacionales, la ayuda económica concedida para la promoción de los pueblos esté condicionada a programas de anticoncepcionismo, esterilización y aborto procurado» (FC, 30).
d) Esterilización punitiva-legal
El juicio moral es totalmente negativo. No puede ser justa una ley que castiga al que comete un delito, aunque sea en materia sexual grave, pues la autoridad civil no puede disponer del cuerpo de un ciudadano. Las sociedades modernas tienen medios para salvaguardar la convivencia social libre de algunas conductas inmorales, aunque sean practicadas por personas enfermas. En todo caso, esa pena resulta injusta para la dignidad del hombre. Pío X negó que los poderes públicos tuviesen capacidad jurídica para promulgar estas leyes (CC, 24).
e) Esterilización vindicativa
Es absolutamente reprobable. Es una venganza que nunca tiene justificación. De hecho equivale a una castración violenta.
En resumen, todas las esterilizaciones -excluida la «indirecta»- son inmorales. Pablo VI formuló esta doctrina general condenatoria:
«Hay que excluir, como el Magisterio de la Iglesia ha declarado muchas veces, la esterilidad directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer» (HV, 14).
5. Opiniones de algunos teólogos no concordantes con el Magisterio
A pesar de las reiteradas condenas del Magisterio, algunos moralistas proponen la esterilización para aquellos casos en los que, con deseo de vivir la «paternidad responsable», resulte ser el medio más eficaz y seguro para evitar un nuevo embarazo. Pero el Magisterio ha contemplado expresamente esta opinión y la declara inmoral, por lo que, afirma, que esa opinión de algunos moralistas no puede ser seguida por los fieles:
«La Congregación, al confirmar esta doctrina tradicional de la Iglesia, no ignora el hecho del dissenso existente por parte de varios teólogos. Sin embargo, niega que se pueda atribuir un significado doctrinal a este hecho, como para que los fieles puedan invocar, para abandonar el magisterio auténtico y adherirse a sentencias privadas de los teólogos que no están de acuerdo con él» (Declaración sobre la esterilización en los hospitales católicos, 12-XII-1976).
(extracto del texto del Pbro Luis Rifo F.)
domingo, 5 de abril de 2009
4. Esquema de una etica de la vida humana
4. Esquema de una ética de la vida humana
La Bioética abarca todo el arco de la vida humana, desde su concepción hasta la muerte. Con el fin de articular didácticamente el conjunto de estos temas, sus contenidos se articulan en tres capítulos que responden a tres «momentos» de la vida: origen, desarrollo y muerte del existente humano.
Origen: se estudia la grandeza de la función generadora, por ello se prohibe lo que la impide, o sea la esterilización del hombre o de la mujer. Asimismo se estudia el juicio moral sobre las técnicas de generar la vida por medios artificiales. Y, una vez concebida la vida, se expone la doctrina moral sobre el derecho a nacer del ser concebido y aún no nacido, por lo que se prohibe el aborto.
Conservación: El hombre tiene obligación de conservar su vida. Por ello, esta parte de la Bioética defiende los diversos medios para la conservación y mejora de la vida humana. A este respecto, favorece el trasplante de órganos, ciertas experiencias médicas, etc. Y, por el contrario, prohibe lo que daña a la vida como el suicidio, el homicidio, el terrorismo, la tortura, la drogadicción, el alcoholismo, etc.
Acabamiento. Finalmente, la vida del hombre se gasta con el tiempo y su destino es la muerte, por ello la Bioética trata de facilitar la atención al enfermo y defiende el derecho del hombre a tener una muerte digna. Por eso condena la medicina deshumanizadora, las experiencias médicas que no tengan en cuenta la dignidad del enfermo y la eutanasia.
(extraido del texto formulado por el Pbro. Luis Rifo F.)
La Bioética abarca todo el arco de la vida humana, desde su concepción hasta la muerte. Con el fin de articular didácticamente el conjunto de estos temas, sus contenidos se articulan en tres capítulos que responden a tres «momentos» de la vida: origen, desarrollo y muerte del existente humano.
Origen: se estudia la grandeza de la función generadora, por ello se prohibe lo que la impide, o sea la esterilización del hombre o de la mujer. Asimismo se estudia el juicio moral sobre las técnicas de generar la vida por medios artificiales. Y, una vez concebida la vida, se expone la doctrina moral sobre el derecho a nacer del ser concebido y aún no nacido, por lo que se prohibe el aborto.
Conservación: El hombre tiene obligación de conservar su vida. Por ello, esta parte de la Bioética defiende los diversos medios para la conservación y mejora de la vida humana. A este respecto, favorece el trasplante de órganos, ciertas experiencias médicas, etc. Y, por el contrario, prohibe lo que daña a la vida como el suicidio, el homicidio, el terrorismo, la tortura, la drogadicción, el alcoholismo, etc.
Acabamiento. Finalmente, la vida del hombre se gasta con el tiempo y su destino es la muerte, por ello la Bioética trata de facilitar la atención al enfermo y defiende el derecho del hombre a tener una muerte digna. Por eso condena la medicina deshumanizadora, las experiencias médicas que no tengan en cuenta la dignidad del enfermo y la eutanasia.
(extraido del texto formulado por el Pbro. Luis Rifo F.)
3. Importancia de los temas Biologicos
3. Importancia de los temas biológicos
La importancia de las ciencias relacionadas con el origen y conservación de la vida es excepcional, sobre todo para las generaciones futuras, dado que la Biología, la Genética, etc. están llamadas a alcanzar avances insospechados en el conocimiento del origen y naturaleza de la vida humana.
En este sentido, la Ética Teológica se encuentra con grandes dificultades al momento de emitir un juicio moral sobre la aplicación de algunos de estos hallazgos. Por eso, la intervención del Magisterio sobre estos temas es cada día más frecuente. De aquí que el teólogo -sin convertirse en un simple comentador de la enseñanza magisterial- sí tiene que seguirla para elaborar la doctrina moral sobre estos temas.
(extraido de texto formulado por Pbro Luis Riffo F.)
La importancia de las ciencias relacionadas con el origen y conservación de la vida es excepcional, sobre todo para las generaciones futuras, dado que la Biología, la Genética, etc. están llamadas a alcanzar avances insospechados en el conocimiento del origen y naturaleza de la vida humana.
En este sentido, la Ética Teológica se encuentra con grandes dificultades al momento de emitir un juicio moral sobre la aplicación de algunos de estos hallazgos. Por eso, la intervención del Magisterio sobre estos temas es cada día más frecuente. De aquí que el teólogo -sin convertirse en un simple comentador de la enseñanza magisterial- sí tiene que seguirla para elaborar la doctrina moral sobre estos temas.
(extraido de texto formulado por Pbro Luis Riffo F.)
2. Alcance de la Vida Humana
2. Alcance de la vida humana
Es obvio convenir en que la vida humana es el bien supremo, del cual proceden todos los demás bienes. En este sentido, ser es mejor que no-ser, de aquí que también las vidas deterioradas, los enfermos, los subnormales... son, no están en el supuesto negativo de la nada. Además, la fe cristiana enseña que todo ser humano es un «serpara-la-eternidad». Por ello, las vidas biológicamente deficientes están destinadas a vivir para siempre una existencia feliz.
La Encíclica Evangelium vitae es, precisamente, una valoración y un canto a la vida, pues «la vida es siempre un bien. Esta es una intuición o, más bien, un dato de experiencia, cuya razón profunda el hombre está llamado a comprender» (EV 34, cfr. nn. 2, 28, 37 39, etc.).
Ante este supuesto, la Bioética hace una afirmación rotunda de la vida, no se coloca en la sospecha, menos aún en la oposición, sino que proclama el valor de los hallazgos científicos que ayuden a una mejor calidad de la vida humana, desde la eugenésica hasta conseguir una muerte digna del hombre.
(extraido del texto del Pbro Luis Rifo F.)
Es obvio convenir en que la vida humana es el bien supremo, del cual proceden todos los demás bienes. En este sentido, ser es mejor que no-ser, de aquí que también las vidas deterioradas, los enfermos, los subnormales... son, no están en el supuesto negativo de la nada. Además, la fe cristiana enseña que todo ser humano es un «serpara-la-eternidad». Por ello, las vidas biológicamente deficientes están destinadas a vivir para siempre una existencia feliz.
La Encíclica Evangelium vitae es, precisamente, una valoración y un canto a la vida, pues «la vida es siempre un bien. Esta es una intuición o, más bien, un dato de experiencia, cuya razón profunda el hombre está llamado a comprender» (EV 34, cfr. nn. 2, 28, 37 39, etc.).
Ante este supuesto, la Bioética hace una afirmación rotunda de la vida, no se coloca en la sospecha, menos aún en la oposición, sino que proclama el valor de los hallazgos científicos que ayuden a una mejor calidad de la vida humana, desde la eugenésica hasta conseguir una muerte digna del hombre.
(extraido del texto del Pbro Luis Rifo F.)
1. Bioetica - Definicion
1. Definición
Como indica su etimología, «Bio-ética» es la «ética de la vida»; o sea, es la parte de la teología moral que estudia los criterios éticos para juzgar el bien y el mal de la vida humana. El término se creó en 1971, fue invención del inglés Potter y, desde el año 1973, se habla ya de una nueva disciplina moral.
La Bioética se sitúa a distinto plano que la Biología: no es una ciencia técnica, sino moral. No entra, pues, en competencia con las ciencias experimentales sobre la vida, sino que les ofrece los criterios éticos para sus investigaciones. Pues, dado que se trata de ciencias experimentales, les recuerda que no todo lo que es posible desde el punto de vista científico es lícito si se considera bajo la óptica de la moral, porque en lugar de contribuir al bien del hombre, lo puede destruir. Además no es lo mismo «ciencia» que «conciencia».
(extraido del texto del Pbro Luis Rifo F.)
Como indica su etimología, «Bio-ética» es la «ética de la vida»; o sea, es la parte de la teología moral que estudia los criterios éticos para juzgar el bien y el mal de la vida humana. El término se creó en 1971, fue invención del inglés Potter y, desde el año 1973, se habla ya de una nueva disciplina moral.
La Bioética se sitúa a distinto plano que la Biología: no es una ciencia técnica, sino moral. No entra, pues, en competencia con las ciencias experimentales sobre la vida, sino que les ofrece los criterios éticos para sus investigaciones. Pues, dado que se trata de ciencias experimentales, les recuerda que no todo lo que es posible desde el punto de vista científico es lícito si se considera bajo la óptica de la moral, porque en lugar de contribuir al bien del hombre, lo puede destruir. Además no es lo mismo «ciencia» que «conciencia».
(extraido del texto del Pbro Luis Rifo F.)
Introduccion
Es incuestionable que lo más decisivo en el hombre es su vida, que se inicia en la gestación y culmina en la muerte. En consecuencia, no sólo el actuar del hombre, sino que su misma vida es objeto de la consideración ética. Pero la vida humana -su origen, conservación y acabamiento-, que es objeto de estudio de la Biología, de la Genética, de la Medicina..., ha experimentado tales avances científicos, que a nuestra época cabe denominarla como la «era biológica», al modo como la década de los años cuarenta se llamó la «era atómica». Como es lógico, estos avances han de ser recibidos con gozo, dado que están destinados no sólo a conocer el origen y la naturaleza de la vida, sino que ayudarán a una notable mejora en la calidad de vida del hombre.
(extraido del texto formulado por el Pbro. Luis Rifo F.)
(extraido del texto formulado por el Pbro. Luis Rifo F.)
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